La vivienda familiar no sólo tiene el valor económico que le quiere dar el mercado inmobiliario, sino que cuenta con un valor más allá del económico. Es por ello que cuenta con una protección jurídica especial, aunque varíe en función del régimen económico elegido por el matrimonio. Pero, también tiene unas reglas básicas que se pueden aplicar en todas las situaciones.

Se tenemos el caso de un matrimonio en régimen de separación de bienes, la vivienda pertenecerá a uno de los cónyuges o a los dos en copropiedad en función de quien la haya adquirido y pagado su importe.

Podemos tener también el caso de un matrimonio en régimen de sociedad de gananciales. En este caso se pueden dar difirentes situaciones. La primera de ellas es que la vivienda esté comprada por uno o ambos cónyuges antes del matrimonio y que estuviera pagada en su totalidad. En este caso la vivienda será de quien la tuviera antes del matrimonio. Si la casa fue pagada por ambos antes de contraer matrimonio, ambos serán propietarios en propición con el precio que haya aportado cada uno de ellos.

El segundo de los posibles casos es que la vivienda estuviera comprada por uno de los cónyuges antes del matrimonio a plazos y parte del pago se realiza después de la boda con dinero ganancial. Eb este caso, la vivienda tiene un régimen especial que genera una copropiedad. La casa pertenece a su comprador original aunque todo lo pagado después del matrimonio contará iré a la sociedad de ganancianciales.

El tercer caso posible es una vivienda comprada después del matrimonio. Puede tratarse de ganancial o privativa depende del dinero utilizado para su adquisición. Es decir, si el dinero utilizado para el pago de la vivienda proviene de una herencia, la propiedad será de ese cónyuge. Si se ha pagado, como es habitual, con el sueldo de ambos se tratará de un bien ganancial.

¿De quién es la vivienda familiar?
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